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Más cerca que ayer.
Hace 2,000 años el Señor Jesucristo dijo: “Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino, y en diferentes lugares habrá hambre y terremotos” (Mt. 24:7). Esa fue parte de la respuesta a las preguntas que le habían hecho sus discípulos («¿cuándo sucederá esto, y cuál será la señal de tu venida y de la consumación de este siglo?», vers. 3). Hoy en día, vemos naciones como Israel, Palestina, Iraq, Afganistán, Nigeria, Yemen, entre otras, que se encuentran en conflictos armados; hoy en día, más de 800 millones de personas en el mundo sufren de hambre1; hoy en día, hay pestes o enfermedades como Dengue, Meningitis, SIDA, Cólera —y no olvidemos la pandemia de gripe A (H1N1) de 2009-201022; hoy en día, hay terremotos en muchos lugares, los más recientes son el de Filipinas (2012), los más de 4 temblores que sacudieron a la República Dominicana en Enero del 2012, el de Japón (2011) —y no olvidemos el de Haití (12-01-2010). Todas estas cosas son, señales antes del fin, señales que nos hacen saber que la segunda venida de Jesucristo está cerca, que el Hijo del Hombre está a las puertas. En palabras del mismo Jesucristo: “Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, sabed que El está cerca, a las puertas” (Mt. 24:33). También, la persecución a los cristianos (en países como Nigeria, México, China, Colombia, India, etc.) y el levantamiento de falsos profetas (como los predicadores del evangelio de la prosperidad) son también señales de que Jesucristo está cerca (Mt. 24:9,11).
Sabemos que la segunda venida del Salvador y Señor Jesucristo, quien vendrá «sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria» (Mt. 24:30), está más cerca que ayer; pero del día y la hora nadie sabe y todo aquel que profese saberlo es un jactancioso mentiroso, falso profeta y pecador.
¿QUÉ DEBEMOS HACER ANTE LA REALIDAD DE QUE JESUCRISTO ESTÁ A LAS PUERTAS, PERO NO SABEMOS EL DÍA NI LA HORA?
«Por tanto, velad, porque no sabéis en qué día vuestro Señor viene… Por eso, también vosotros estad preparados, porque a la hora que no pensáis vendrá el Hijo del Hombre» (Mt. 24:42,44), responde Jesucristo. Sabemos que nuestro Salvador y Señor Jesucristo está cerca —y más cerca que ayer, pronto vendrá por segunda vez: entonces, no habrán guerras, sino paz; no habrán pestes, sino vida eterna; no habrá hambre, sino plena satisfacción en Su presencia; no habrán terremotos que destruyan, sino que nuestras moradas y tesoros serán eternos. Pero no sabemos el día ni la hora en que eso sucederá. Así que, velemos, estemos preparados, seamos como el siervo fiel y prudente que permanece en [el cumplimiento de] la voluntad de Dios; viviendo para Su gloria (la gloria de Dios), haciendo el bien [mayormente] a los de la familia de la fe (Mt. 24:45-25:46).
Si tú no eres un siervo de Dios, sabe tú también que la segunda venida del Señor Jesucristo está cerca —y más cerca que ayer. Sí, es cierto que no sabes el día ni la hora de Su venida y es por eso que debes ahora mismo ir a los pies del Salvador y Señor Jesucristo arrepentido de todos tus pecados y confiando solamente en Él como tú salvador. Pídele sinceramente que perdone tus pecados y te salve. Haz así y serás salvado; y tú también esperarás confiadamente la segunda venida del Señor.
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1 http://www.fao.org/hunger/hunger-home/es/
2 http://es.wikipedia.org/wiki/Pandemia_de_gripe_A_%28H1N1%29_de_2009-2010
Terremoto, qué es y qué hacer.
¿Qué es el arrepentimiento?
El verdadero arrepentimiento [bíblico] no es aquella confesión de labios —que hace el pecador, pero con la intención en su corazón de volver a cometer el pecado. Randy Alcorn lo dijo de la siguiente manera: “La confesión no es genuina cuando tenemos planes de repetir nuestro pecado” (El principio de la pureza, p.113). El verdadero arrepentimiento [bíblico] va más allá de una mera confesión con los labios, es del corazón.
En Hechos 17:30 se dice que Dios «ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan» (RV1960), de lo que deducimos que es responsabilidad de todo hombre arrepentirse. Pero también, no es menos cierto que el arrepentimiento es un don de Dios; así que, cada vez que vemos a un pecador realmente arrepentido debemos reconocer que «ha concedido Dios el arrepentimiento que conduce a la vida» a esa persona (Hch. 11:18).
Por lo general, en el Nuevo Testamento, la palabra griega para ‘arrepentimiento’ es μετάνοια (metanoia)1 que significa cambio de pensar o de actitud (“Recuerda, por tanto, de dónde has caído y arrepiéntete, y haz las obras que hiciste al principio; si no, vendré a ti y quitaré tu candelero de su lugar, si no te arrepientes.” Ap. 2:5; Mr. 1:15; 2 P. 3:9). Ésta nos da la idea de alguien que estaba yendo hacia una dirección, pero da un giro de 180 grados para ahora dirigirse hacia la otra dirección (ej. “alguien que estaba yendo hacia el sur, pero dio un giro y ahora se dirige hacia el norte”). De manera similar, el verdadero arrepentimiento [bíblico] es un cambió de pensar o actitud —producido por Dios Espíritu Santo, por el cual una persona da la espalda a su pecado (apartándose de éste) para ahora dirigirse a Dios (obedecerle). Esa es la definición sencilla. Sigue leyendo
