Las resoluciones.

Un nuevo año empieza y es normal que las personas hagan sus resoluciones para este año 2012; éstas planean comenzar a hacer cosas y dejar de hacer otras. Algunos determinan iniciar una dieta y hacer más ejercicios, otros determinan leer más la Biblia y tener una comunión más íntima con Dios. Quiero hablarles principalmente a éstos últimos (del segundo grupo). ¿Estás tú comprometido a llevar a cabo tu resolución o —como le sucede a muchos— a la mitad del año ya habrás olvidado todo lo que habías determinado hacer? Ten cuidado, no prometas nada que no llevarás a cabo.

¿Es incorrecto hacer resoluciones1? No, siervos de Dios como Jonathan Edwards hicieron resoluciones. También Ana, madre de Samuel, hizo el siguiente voto delante de Dios: “si tú… das un hijo a tu sierva, yo lo dedicaré al SEÑOR por todos los días de su vida y nunca pasará navaja sobre su cabeza” (1 S. 1:11); Job hizo el pacto con sus ojos de no mirar con lujuria a ninguna virgen (Job 31:1); y el Salmista David dijo: “He jurado, y lo confirmaré, que guardaré tus justas ordenanzas” (Sal. 119:106). Hacer resoluciones no es incorrecto; lo incorrecto es hacerlas y no cumplirlas. Por eso debemos ser muy cuidadosos al momento de hacer resoluciones. En Proverbios 20:25 se le llama ‘lazo al hombre‘ al voto [de consagración] apresurado: “Lazo es al hombre hacer apresuradamente voto de consagración, y después de hacerlo, reflexionar” (RV1960). No hagas resoluciones apresuradas, sin primero reflexionar —y mucho menos delante de Dios; pues después de hacerlas, estarás atado a tus promesas. Aquel que hace voto al SEÑOR ha ligado su alma con obligación y deberá hacer «conforme a todo lo que salió de su boca» (Nm. 30:2). El deber (responsabilidad) de todo aquel que ha hecho una resolución es cumplirla.

Eclesiastés 5:4,5 dice: “Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas”. Según ese pasaje bíblico es mejor no prometer, que prometer y no cumplir. También, creo (sin duda) que es mejor no prometer, pero cumplir que prometer y no cumplir.

Hay algo más que debe saber tanto aquel que hace resoluciones como aquel que no las hace; y es que el poder para llevar a cabo las resoluciones viene de Jesucristo (Jn. 15:5), de Su Espíritu (Flp. 2:13). Jesucristo dijo: “separados de mí nada podéis hacer“; y en Filipenses 2:13 se nos dice que Dios [el Espíritu Santo] «es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito». Por lo tanto, a lo largo de todo este año, permanece en Jesucristo y se guiado por Su Espíritu.

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1 Estas resoluciones no son juramentos —para mostrar como cierta una declaración— ni votos en el sentido bíblico. Pero el principio de cumplir lo prometido se aplica a éstas, ya que las resoluciones son determinaciones voluntarias de hacer algo, expresadas delante del Dios omnisciente. Por ejemplo, la Palabra de Dios no nos dice que Ananías y Safira (Hch. 5) hicieron un juramento o voto, pero ya que voluntariamente habían determinado poner «a los pies de los apóstoles» todo el precio de su heredad, debían cumplirlo. Al Ananías y Safira quedarse con una parte del precio fueron castigados por Dios; porque, en palabras del mismo A. Pedro, no habían mentido a los hombres sino a Dios (Hch. 5:4). Cumple tus resoluciones.

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