Me encanta la fotografía. Me encanta tomar mi cámara fotográfica, ajustar el objetivo (el lente) y presionar el disparador, para así capturar una imagen. Me gusta tanto la fotografía porque por ella puedo capturar y admirar [por un largo tiempo] la bella imagen de la creación de Dios; la fotografía hace que me detenga, admire y saboree lentamente la maravillosa creación de Dios, en un mundo rápido que no quiere detenerse ni ir lentamente. Detenerme, admirar, saborear la creación de Dios; mirar su belleza, admirar sus detalles, hace que mi corazón se llene de emoción y entone una alabanza al Creador.
Lamentablemente, muchos nos hemos acostumbrado al ritmo rápido de este mundo, nos hemos acostumbrado a no observar con detenimiento la creación de Dios. Nos hemos acostumbrado de tal manera a la creación de Dios, que muchas veces no nos parece tan maravillosa como en realidad ella es (Sal. 72:18; 77:14; 86:10). Pero con la fotografía yo puedo capturar algunos detalles de la creación de Dios, algunos de sus momentos, detenerlos y admirarlos para cantar junto al salmista: “Los cielos proclaman la gloria de Dios, y la expansión anuncia la obra de sus manos. Un día transmite el mensaje al otro día, y una noche a la otra noche revela sabiduría. No hay mensaje, no hay palabras; no se oye su voz. Mas por toda la tierra salió su voz, y hasta los confines del mundo sus palabras. En ellos puso una tienda para el sol, y éste, como un esposo que sale de su alcoba, se regocija cual hombre fuerte al correr su carrera. De un extremo de los cielos es su salida, y su curso hasta el otro extremo de ellos; y nada hay que se esconda de su calor” (Salmos 19:1-6). Y repetir las palabras que dijo Folliott S. Pierpoint en su himno “Por la excelsa majestad”: “Por la excelsa majestad de los cielos, tierra y mar… Por la calma nocturnal, por la tibia luz del sol, por el amplio cielo azul, por el árbol, por la flor; Te ofrecemos, oh Señor, alabanzas con fervor. Por la mente, el corazón, los sentidos que nos das, que tu inmensa creación nos permiten apreciar; Te ofrecemos, oh Señor, alabanzas con fervor” (Traducción por F. Pagura).
Dice la Palabra de Dios, que El vio todo lo que había hecho y la conclusión fue que todo [lo que El había hecho] era bueno, en gran manera (Gen. 1:31). Aunque la creación fue sujeta a vanidad (Ro. 8:19-21), por causa del pecado del hombre, aún así, ésta no ha perdido toda su belleza (Sal. 8:1-4).
Mi exhortación (invitación), es que te detengas, admires y saborees lentamente la maravillosa creación de Dios, no porque Dios es la creación y la creación es Dios (todo es Dios) —como dicen los panteístas, ni para que adores la creación; Sino, porque la creación tiene algo que contar, para que al admirar la creación, puedas oír la historia (lo que ésta cuenta) de la gloria de Dios que ésta anuncia, y así eleves tus manos, tu corazón y tu voz para alabar a Dios «Al único que hace grandes maravillas» (Sal. 136:4).
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