Sí. Existía e hizo sentir su influencia antes del pentecostés (Juan 3:3-5), pero todavía no moraba plenamente en el Pueblo de Dios, demostrando poderosamente Sus obras en la tierra (Juan 16:7,13 ; Juan 14:16,17).
Desde la eternidad, Dios decretó justificar a todos los elegidos; y en el cumplimiento del tiempo, Cristo murió por los pecados de ellos, y resucitó para su justificación; sin embargo, no son justificados personalmente hasta que, a su debido tiempo, Cristo les es realmente aplicado por el Espíritu Santo (n). La justificación de los creyentes bajo el Antiguo Testamento fue, en todos estos sentidos, una, la misma que la justificación de los creyentes bajo el Nuevo Testamento (q). (CONFESIÓN DE FE BAUTISTA DE 1689: Capitulo 11; párrafos 4,6)
Cuando leemos del Espíritu Santo que se “da”, no debemos pensar que la iglesia no lo disfrutaba en ningún sentido antes del día de Pentecostés. Siempre estuvo en los corazones de los creyentes del Antiguo Testamento. Desde Abel en adelante, nadie sirvió a Dios de forma aceptable sin la gracia del Espíritu Santo. Juan el Bautista fue “lleno” de Él. Solo puede significar que vendría de manera más plena, con más influencia y gracia, manifestándose de manera más intensamente que antes… La palabra “Consolador” es la misma que se traduce como “Abogado” y que se le aplica a Cristo mismo en 1 Juan 2:1. (Meditaciones sobre los Evangelios por J. C. Ryle).
“Siempre estuvo en los creyentes del Antiguo Testamento, vendría de manera más plena, con más influencia y gracia; manifestándose más intensamente que antes.”
Desiring God Meditations of a Christian Hedonist The message of Desiring God is that God is most glorified in us when we are most satisfied in him. In this book, Piper calls this worldview “Christian Hedonism” and explains why pursuing maximum joy is essential to glorifying God. He discusses the implications of this for conversion, worship, love, Scripture, prayer, money, marriage, missions, and suffering.
Don’t Waste Your Life In this book John Piper describes his journey toward one great, single passion—endless joy in the crucified Christ—and challenges the reader to the same pursuit. The cost is great. But the joy is worth any cost.
The Pleasures of God (Chapters 1-3) Meditations on God’s Delight in Being God One way to see the glory of God is to meditate upon the object of his delight. In this reissued version with a new cover design, John Piper unfolds for us a vision of God through the lens of his happiness. What most delights the happiest Being in the universe? God’s gladness in being God. If God’s excellencies can be admired in his pleasures, and if we tend to become like what we admire and enjoy, then focusing on these pleasures can help us to be gradually conformed to his likeness. In other words, we will be most satisfied in God when we know why God is most satisfied in God. This version includes the same content as the revised and expanded edition published in 2000.
Let the Nations Be Glad! (Alegrense las Naciones) This book is not just for missionaries. It’s also for pastors who want to connect their fragile, momentary local labors to God’s invincible, eternal, global purposes. It’s for lay people who want a bigger motivation for being world Christians than they get from statistics. It’s for college and seminary classes that aim to be theological as well as anthropological, methodological, and technological in their study of missions. And it’s for leaders who need the flickering wick of their vocation fanned into flame again with a focus on the supremacy of God in all things.
Dios siempre contesta las oraciones de Su Pueblo, en ocasiones dice “Sí”, también puede decir “espera”, pero en otras ocasiones dice “no”. ¿Cuál es nuestro deber como hijos, como Pueblo, como Iglesia de Dios? Pedir, buscar y llamar (Mt. 7:7-8).
Cuando el Mundo me golpea y susurra “no hay esperanza”, de mi alma sale una lagrima, gotas de tristeza que podrían convertirse en un océano de dolor, en el cual podría naufragar y en consecuencia mi vida acabar.
Pero no me ahogaré en mis penas y dolores. El mundo puede golpearme -pero no seré un cobarde- sino que lucharé y demostraré que mi confianza está en Ti; Señor, Tú que tienes el control de todo en derredor.
Así que, Mundo puedes lastimarme, golpearme e incluso matarme, pero nunca podrás quitarme el grandioso tesoro que guardo en mi corazón; “Fe” en mi Señor. Aunque le des fin a mi vida, estarás encaminándome a la eternidad donde habitaré con el Príncipe de Paz.
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Jesucristo dijo, “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). Ésta es una de las cuestiones más importantes en la vida de todo ser humano. No es suficiente responder “Soy miembro de una iglesia; supongo que soy cristiano”. Miles de cristianos nominales no muestran señal alguna de haber nacido de nuevo, las cuales se mencionan en las Sagradas Escrituras, principalmente en la Primera Epístola de Juan.
1. No practica el pecado.
En primer lugar, el Apóstol Juan escribió: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios” (1 Juan 3:9). “Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado…” (5:18).
Aquella persona que ha nacido de nuevo, que ha sido regenerada, habitualmente no comete pecado. No exhibe una inclinación total hacia el pecado. Probablemente hubo algún tiempo en que dicha persona no se detenía a pensar si sus acciones eran pecaminosas o no, y no siempre sentía aflicción tras hacer el mal. No había una lucha entre él y el pecado; ambos eran amigos. Pero un verdadero cristiano odia el pecado, huye de él, lucha en su contra, lo considera su mayor calamidad, resiente la carga de su presencia, sufre cuando cae bajo su influencia, y anhela liberarse completamente de él. El pecado ya no le place; se ha convertido en algo horrible y que odia. Sin embargo, no puede eliminar su presencia dentro de él.
Si dijese que en él no hay pecado estaría mintiendo (1 Juan 1:8). Pero sí puede decir que odia el pecado y que el mayor deseo de su alma es no cometer pecado en absoluto. No puede evitar tener malos pensamientos, omisiones y defectos tanto en sus palabras como en sus acciones. Él sabe que “todos ofendemos muchas veces” (Santiago 3:2). Pero puede decir con certeza, delante de Dios, que estas cosas le ocasionan dolor y pena, y que su ser no se complace en ellas. ¿Qué diría el Apóstol Juan de usted? ¿Ha nacido usted de nuevo?
2. Cree en Cristo.
En segundo lugar, el Apóstol Juan escribió: “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; y todo aquel que ama al que engendró, ama también al que ha sido engendrado por él” (1 Juan 5:1).
Aquella persona que ha nacido de nuevo, que ha sido convertida, cree que Jesucristo es el único Salvador que puede perdonar su alma, que El es la persona divina designada por Dios Padre para dicho propósito, y que fuera de El no hay salvación alguna. Está persona, en sí mismo no encuentra valor alguno. Pero tiene confianza plena en Cristo, en que todos sus pecados le han sido perdonados. Puesto que ha aceptado la obra completa y muerte de Cristo en la cruz, el cree que es considerado justo delante de Dios, y puede esperar la muerte y el juicio final sin miedo.
Podrá tener temores y dudas. Inclusive decir que a veces siente como si no tuviera fe en absoluto. Pero pregúntele si está dispuesto a confiar en cualquier cosa o persona en vez de Cristo, y verá lo que le responderá. Pregúntele si depositaría su esperanza de vida eterna en su propia bondad, sus propias obras, sus oraciones, su guía espiritual, o su iglesia, y escuche su respuesta. ¿Qué diría el Apóstol Juan de usted? ¿Ha nacido usted de nuevo? Leer el resto de esta entrada »
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