El amor llegó a mí y tocó la puerta, con emoción le abrí, le miré y me sonrió. Le dije que pasara y se quedara, que se sentara y me hablara acerca de ella. Sí, con tan sólo empezar a oír mi corazón empezó a latir con mucho más fuerza que antes; con más pasión y más emoción.
¡Quiero conocerla, ya por favor! muéstrame el camino para llegar a su corazón por el cual transitare y su cariño obtendré.
Esto es una pasión intensa y suave a la vez, que quema mi interior y sana mi dolor. ¡Alabado sea Dios! quien nos bendijo; Él me puso en tu camino, me guió y te encontré.
Simplemente mirar lo que hay en tu interior bastó para que enamoraras mi corazón. Me enamore hoy de ti, mirarte es maravilloso para mí. Amándote es como mi corazón desea vivir.
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Porque desde donde el sol nace hasta donde se pone, es grande mi nombre entre las gentes; y en todo lugar se ofrece á mi nombre perfume, y presente limpio: porque grande es mi nombre entre las gentes, dice Jehová de los ejércitos. – Malaquías 1:11
La justificación es la muestra más grande de la justicia de Dios (Dios es Justo). Dios Padre, para reconciliar consigo a aquellos a quienes “Él llamó eficazmente” no dijo:
“Olvídense de mis mandamientos, yo los amo tanto que los declararé justos sin que nadie pague; ni Yo, ni ustedes y todos quedamos felices.” – Tampoco dijo – ¡Yo estoy harto… que todos perezcan!
No, Dios no dijo esto, sino que en Su justicia alguien tuvo que pagar el precio y ese alguien fue su Hijo Jesús. Y en esto no sólo vemos la justicia de Dios sino también Su grande amor.
Antes de continuar hay que recordar ¿Por qué hay que justificar?
Porque «Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Sepulcro abierto es su garganta; Con su lengua engañan. Veneno de áspides hay debajo de sus labios; Su boca está llena de maldición y de amargura. Sus pies se apresuran para derramar sangre; Quebranto y desventura hay en sus caminos; Y no conocieron camino de paz. No hay temor de Dios delante de sus ojos […] por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios,» (Romanos 3:10-18,23)
Creo que la pregunta fue respondida con estos versos bíblicos. En los versos anteriores se dice de cuatro maneras que TODO hombre es injusto delante de los ojos de Dios:
No hay justo.
Ni aun uno.
Todos se desviaron.
Todos pecaron.
“La Justificación es el acto hecho una sola vez por medio de la fe en Jesucristo, en el cual Dios declara justo al pecador, no por las obras del pecador sino por la obra de Jesucristo (es decir por gracia), quien siendo justo pagó la deuda de el pecador y de esta manera se efectuó eficazmente la reconciliación entre Dios y el hombre. Esta justificación es decretada desde la eternidad, pero aquellas personas a quienes Dios eligió justificar sólo serán justificadas en el momento en el que la voluntad de Dios lo haya decidido.”
V. 20 Al Jesús declararse como “Hijo del Hombre” él estaba declarándose el mesías y que al él le fue dado el «dominio, gloria y reino …» según esta escrito en el libro del profeta Daniel.
Daniel 7:13-14 Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.
V. 23 Después de Jesús explicar lo que hay que hacer para seguirle, vemos que sus algunos de sus discípulos LE SIGUIERON. V. 23-26 Al seguir a Jesús debemos recordar que en el mundo tendremos aflicciones (Juan 16:33) pero debemos confiar y no perder nuestra fe, porque si Jesús esta en nuestra barca no pereceremos; es decir, si Jesús esta con nosotros no pereceremos a menos que él así lo quiera y seguro que su voluntad es la mejor para nosotros. Jesús no despertó aun cuando las olas cubrían la barca, pero si despertó al clamor de sus discípulos. Clama a Dios en tu momento de angustia y se levantara cuando tu no puedas y traerá paz a tu vida.
V. 24-26 Vemos aquí que Jesús como hombre estaba tan cansado que dormía y aun con esa gran tempestad no lo despertó. Pero también, vemos que como Dios con autoridad sobre su creación reprendió a los vientos y a la mar y obedecieron (se calmo todo).
V. 27 «… ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?» Por esta declaración notamos que no todos los discípulos de Jesús habían llegado a conocer quien era Jesús en ese momento. Muchas veces tenemos que pasar por momentos de prueba para ver quien es Dios y poder decir como Job: “De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven.”
V. 29 Los demonios sabían que llegará el tiempo en que ellos serán juzgados y condenados, juntamente con aquellos que no creyeron en Jesús. V. 34 Las personas les rogaron, le suplicaron a Jesús que se fuera de sus contornos. Estamos sacando a Dios de nuestras vidas y nos atrevemos preguntar ¿Por qué nos va tan mal?
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